POR: JOSE CARLOS BRITTO

REVISTA: SEMANA ECONOMICA

El Perú alcanzó su peor puesto desde el 2012 en el índice de Percepción de Corrupción elaborado por Transparencia Internacional. El país logró una calificación de 35 puntos de 100 posibles, dos menos que el año anterior. Una menor puntuación refleja una mayor percepción de corrupción. Así, el Perú se ubica 9 puntos por debajo del promedio regional de 44 puntos. El resultado iguala a la cifra registrada en el 2016, que son las más bajas de los últimos siete años.

El resultado contrasta con la mayor intensidad que tuvo la lucha anticorrupción en el 2018. El año pasado estuvo marcado por varios episodios que podrían percibirse como una efectiva actuación de la justicia, como las prisiones preventivas ordenadas por el Juez Concepción Carhuancho.

El resultado se explica por el hecho de que la mayor proactividad de los fiscales en el caso Lava Jato destapó una serie de actos de corrupción, lo que puede haber elevado la percepción de corrupción general, según José Carlos Requena, socio de la consultora de análisis político 50+1.

“En el 2018 lo que hemos visto es que el grueso del elenco político ha estado mucho más problematizado que hace 2 años”, indicó Requena. Además, la renuncia del presidente Kuczynski y el destape del escándalo de corrupción judicial pueden haber mancillado la percepción de corrupción en el país.

Los bajos resultados de los países americanos responden al debilitamiento de sus sistemas democráticos. Según Transparencia Internacional, los resultados “no debería[n] sorprender dados los problemas a los que se enfrentan sus sistemas democráticos y la pérdida de derechos políticos en América del Norte, del Sur y Central en manos de líderes populistas y autoritarios”.

El resultado del índice revela una mayor intolerancia social hacia los actos de corrupción, lo que genera desafíos y oportunidades a nivel institucional “La gente parece estar mucho más sensible a estos temas. El cinismo de hace años, donde esta frase como ‘roba pero hace obra’ estaba muy presente, ahora ha dado paso más bien a la indignación e impaciencia sobre cómo la corrupción priva de oportunidades. Hay una mayor conciencia de que la corrupción es dañina no sólo desde un lado moral, sino práctico: de que priva a la gente de mejores servicios y derechos”, puntualizó Requena.